Noviembre 26, 2007...6:01 pm

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Su corazón comenzaba a sentir la inquietud de la incertidumbre. Aún la vida, con sus crueles dedos, había trazado trazos de amargura sobre su frente, que se conservaba tersa y limpia; pero el dolor, la duda y el quebranto de los insomnios, hablan puesto sombras violáceas en torno a sus ojos de espléndido color violeta.
Sus tíos habían salido. Estaban en el cine. Como de costumbre, se había quedado con las niñas, esperando la llegada de Enrique, su novio, que llevaba tres días sin aparecer.
Estaba muy triste, casi desesperada. Era horrible tener veintiún años, ser tan joven, y sentir ya que el amado no respondía a las ilusiones que él mismo despertara.
Lanzó un hondo suspiro. En la espera interminable, los minutos que transcurrían llenábanla de cruel angustia.
Últimamente, Enrique había faltado algún que otro día, pero jamás tres seguidos. Presentía, con angustiosa perplejidad, que él estaba buscando un pretexto para romper. Desde que el tío Andrés muriera las cosas habían cambiado mucho.
Sin embargo, no quería dar crédito a la evidente f realidad. Dentro de su corazón buscaba disculpas par su novio. La situación actual era distinta. Enrique tenía que desplazarse varios kilómetros para ir a verla. No importaba que tuviera coche propio, con el que fácilmente, podía cubrir, en poco más de media hora la distancia que los separaba. Ya no era lo mismo. Antes lo tenía siempre cerca, pues a pesar de la juventud de Enrique, éste había sido el administrador de las tierras del tío Andrés. Ella misma había influido en su tío para que consiguiera aquel importante puesto, una vez que se sintiera enamorada. Cuando, lo conocieron, él no era nadie. Vivía con su madre sin trabajo en que ocuparse, inútil y bastante apa-

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